lunes, 15 de junio de 2015

CANCIÓN SIRIA

CANCIÓN SIRIA

He de llevarte al mar una mañana,
en cuanto dejen de llover las bombas,
entre el paisaje ardiente y desolado,
he de llevarte al mar.
Cuando estos tipos acaben su matanza,
aunque pisemos cuerpos destrozados
y nos repugne el olor de la hoguera,
he de llevarte al mar.
Verás qué hermoso. No hay nada similar
a su belleza. Te hará olvidar toda
la destrucción que ahora nos ciega.
He de llevarte al mar,
cuando estos guardias reabran la frontera,
caminaremos por los pedregales
y en cuanto superemos esas dunas
conocerás el mar
y oyendo el viento le entregarás la sal
de tus lágrimas y nadarás feliz
entre sus aguas, te cegará la luz
que reverbera.
Olvidaremos juntos la miseria,
las guerras, las huidas, los horrores,
los niños muertos y los torturados.
Un día iremos al mar,
sólo hace falta que nos ayuden y
que nos rescaten, que alguien se apiade,
se imponga a los malvados y traiga luz
y acaben las tinieblas.
Aguanta, mi cariño, hoy nos parece
que no hay salida más allá de la muerte
pero eso es un error, ya queda poco,
vamos a ver el mar.
Y en un pequeño puerto de mil años
subiremos al barco de los sueños
y llevaremos juntos a los niños
hasta el otro confín,
donde no hay miedos, donde son amables.
Allí descansaremos, acogidos
por su fraternidad y su riqueza.
Su solidaridad
se hará ternura para cuidar de ti
y de los pequeños. Aguanta amor,
resiste a la tristeza, abrázame,
vamos a ver el mar.

miércoles, 29 de abril de 2015

La tenía encerrada en una bola de nieve

La tenía encerrada en una bola de nieve. Ya no recordaba cuándo entró allí. Tenía un sofá minúsculo que le servía de cama y un espejo del tamaño de una uña para peinarse. Cuando llegaba por la tarde ella se cogía a unos estribos y unas abrazaderas que había clavados en el suelo y se pegaba allí como una lapa, con todas sus fuerzas. Él agarraba la bola y la agitaba para hacer que la nieve ocupase toda la esfera y cuando ella creía que iba a soltarse pues no podía aguantar más, la depositaba suavemente en la mesa del escritorio y miraba como, poco a poco, la nieve caía y disipaba lentamente el espacio. Ella debía aparecer entonces bailando una pieza de algún ballet o una improvisación, siempre de aire clásico. Él disfrutaba de su actuación emocionado. A veces veía como derramaba alguna lágrima. Entonces le gritaba que la dejase salir, que la liberara del hechizo y la devolviera a su tamaño. Quería salir a la calle. Prometía volver y bailar para él toda la vida, pero no la escuchaba, seguía absorto, sentado en su sillón, hasta hacerle dudar de si saldrían sus gritos del interior de la bola. Se quedaba dormida sobre el sofá o sobre el lecho de nieve falsa que tapizaba el suelo.

Cuando descubrió al duende del tintero no podía creer lo que veía. Pensó que sufría una alucinación, enferma o débil, pero allí estaba, otro habitante de Liliput, seguramente embrujado también por su padre. Tal vez un hermano desconocido, nacido después de su encierro. Pronto intimaron y él le fue leyendo los libros de hechizos que llenaban las estanterías y libros de teatro para entretenerla. Así llegó al día en que, aprovechando la luna adecuada y la alineación de planetas y nodos precisa salió de su prisión y junto al duende recuperó su tamaño. Lo esperó sentada en su sillón y cuando entró lo derribó de un golpe en la cabeza. Le sacó los ojos con el abrecartas, sintiéndose Regania y, cuando me lo contaba años después me dijo que, una vez muerto le quiso meter la bola de nieve por el culo, pero que se hizo añicos sajando la carne  y llenando la alfombra de sangre. Le pregunté que cómo se sintió entonces y me dijo: “muy bien”.

sábado, 11 de octubre de 2014

La foto de Gaudí

Resulta que el arquitecto emérito y asesor del patronato del templo de la Sagrada Familia de Barcelona, Jordi Bonet, ha presentado una foto de Gaudí, desconocida hasta ahora. Viendo la foto ya puedes ver el grado de mitomanía que genera Gaudí. Es una imagen difuminada que dice ha sido extraída de una película hecha en Montserrat durante una boda, en 1925, poco antes de morir atropellado por un tranvía. Sí que parece él pero también podría ser otra persona con un parecido al arquitecto. Lo bueno es que para certificar que era Gaudí y no alguien que se parecía se la llevó hace diez años a tres personas: una señora que limpió en su casa dos años, cuando ella tenía 14 años, una anciana que era niña 69 años antes y vivía en la portería del parque Güell y un señor que luego fue arquitecto y que cuando murió Gaudí tenía 10 años del que dicen que le saludaba en la plaza de San Felipe Neri. La verdad es que el recuerdo de tres ancianos que tuvieron tan mínima relación hace casi 70 años, siendo niños puede ser muy emotivo y, posiblemente, acertado, pero igual puede ser falso y fantasioso. Pero bueno, la cosa ha sido dada por buena tras pasar ese “tribunal”. No se explica por qué se ha tardado diez años en comunicar el hallazgo al mundo, si es que es tan importante. Lo digo porque, mientras tanto,  los tres testigos han muerto, con lo que si lo que dijeron al señor Bonet fue lo contrario de lo que él nos cuenta ahora no pueden avisarnos. Pero la noticia tiene otro dato risible: Como la borrosa imagen refleja un gesto que se puede entender como de una muy leve sonrisa, el descubridor afirma que esta fotografía demuestra que, contra la imagen de hombre serio que daban las pocas fotografías existentes sobre Gaudí, “también le gustaba el humor”. ¡Caramba!, Gaudí sonreía a veces y ha quedado demostrado. ¿De verdad se pensaba alguien que Gaudí era un triste que no sonreía nunca? ¿Quién no sonríe nunca? Si es se puede llamar sonrisa al rictus que refleja la fotografía. La verdad es que cuando no hay material, con según qué mitos patrios, del humo hacemos congresos.

viernes, 25 de octubre de 2013

LA RATA

LA RATA
(Memorias de un asalariado)
Vivo condenado a servir a La Rata. Ella me alimenta y me dirige, ella me manda y yo obedezco con fe ciega en su magnanimidad. Sé muy bien de su severidad y por ello sé que debo ser sumiso, callado, no molestarla.
La Rata me da trabajo. Desbrozo su comida, la troceo, la preparo y la presento hermosa para ella y sus amigos. Después de un día agotador, duermo atado a su pata, orgulloso de la labor realizada. Cuando al día siguiente me grita, me insulta y me amenaza por no haber dado lo suficiente, sé que lo dice para motivarme, pero que si consigo volver a trabajar tan fuerte como ayer, no me matará ni me arrojará al pasadizo oscuro, de donde sólo se vuelve loco y abandonado por todos.
Otros gusanos quieren hacer tratos con La Rata. Yo los atiendo y les animo a traer su comida. “Con La Rata estará segura”, les digo. Cuando al cabo de un tiempo ven que su comida ha menguado o desaparecido les animo a buscar la protección de otras ratas, ¡a ver si encuentran mejores tratos con ellas!
Me muero de miedo cuando me mira o se dirige a mí. Ella sabe que yo sé que estoy en sus manos, que mi manutención y mi seguridad dependen de ella, y de eso abusa. El otro día no bajó a vernos y ordenarnos tareas, pero al día siguiente me hizo subir para gritarme y amenazarme por no haber hecho lo que debía haber hecho. Yo no le dije nada aunque sabía que era imposible adivinar qué quería que hiciera aquella mañana y lo peligroso que es tener iniciativas y tomar decisiones, pero ella también lo sabe, así que su bronca era para mantenerme asustado y fiel. Debo aceptarla y dar gracias de que no haya sido peor y me haya echado al pasadizo de donde no se vuelve, a morirme de frío. Siempre que me abronca me recuerda que ya no hay hierba esponjosa con humus debajo para poder vivir dignamente. ¡Bien que lo sé! Hace tiempo que las ratas la mataron con sus orines y sus defecaciones. Hoy no hay hábitat más allá de su sombra.

Violencia de género

Yo sé que no hago bien, que debería cuidarte y tenerte limpia y alimentada. Total, dedicarte el tiempo que te puede quedar sería devolverte una pequeña parte de la vida que has cuidado tú de mí. ¡Cómo mucho!, pero no puedo. Ya sabes lo inútil que soy para todo. No sé comprar, no sé lavar, no sé ocuparme de las pequeñas cosas que hacen que una casa funcione. ¿Dónde voy yo? No es por lavarte o limpiarte el culo, no es eso. Yo te quiero mucho. Es que no puedo más. Es mejor acabar. ¿No crees? A fin de cuentas, los chicos ya no nos necesitan para nada y sólo les damos preocupaciones. ¿Qué hacemos aquí además de contar pastillas y visitar médicos? ¿Esto es la vida? Yo no puedo más, ya te lo he dicho. Sé que soy un cobarde y que si hubiese sido al revés tú me hubieses cuidado todo el tiempo que hubiese hecho falta, pero yo no. Yo no soy de tu casta. Tú siempre has sido más valiente, mas echada para adelante. . .¿Quién iba siempre a los colegios, a hablar con tutores y pediatras, a negociar las subidas de alquiler? Si hasta para comprarme la ropa te necesitaba. Ahora llevo calzoncillos rozados y calcetines agujereados, pero soy incapaz de ir a comprar nuevos. ¡No sé ni dónde se venden! Ves como no puede ser ¿Joder! ¿Por qué no me he ido yo hace tiempo? Ya no sé qué hacer. Dime que no lo haga y no haré nada. Que se nos coma la mierda. . .

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No te preocupes tanto. Claro que es una barbaridad, pero tienes razón, ya no valemos para nada. Y tú conservas las piernas, pero eso no es bastante. Es verdad que yo no hubiese tomado esta decisión. Ni se me hubiese ocurrido. Me habría arrastrado mientras hubiese podido para atenderte, pero es que yo tengo costumbre. Siempre he ido detrás de todos, cuidando, poniendo orden . . .lo tengo más por la mano. A las mujeres no se nos ocurren estas soluciones violentas, pero lo hombres, ya se sabe. Sois más egoístas y más inútiles. Pero sé que me quieres y que de verdad crees que es lo mejor. ¡Qué se le va a hacer! Hasta aquí hemos llegado y no me arrepiento de haber quemado mi vida a tu lado. Has sido bueno y has estado mucho por tu familia y por tus hijos. No has sido bebedor ni jugador y nunca me has puesto la mano encima. Muchas no han tenido ni eso. Pero vamos, si ha de ser, que sea rápido. No le des más vueltas. ¿Cómo lo has pensado? ¿Primero yo y luego tú? Mira que si eres valiente para lo mío y cobarde para lo tuyo vas a tener un lío gordo. Busca una forma de que sea a la vez. Te acuestas conmigo y nos abrazamos y nos quedamos dormidos, para siempre, soñando con los niños, cuando eran pequeños y nos necesitaban y nosotros, sentados en un banco o una playa los veíamos correr y jugar y éramos las personas más felices del mundo.

A TRABAJAR, PATRIOTA




La labor de los gobernantes elegidos en un sistema democrático es hacer su trabajo y además, como el resto de los ciudadanos que trabajan, de la mejor manera posible. Deben ser eficientes y honrados y buscar el bien común, la mejora de las condiciones de vida, el respeto de los principios y valores en los que se asienta la cosa pública. A unos representantes del pueblo y a unos gobernantes que actúen así a lo mejor yo los podré seguir en proyectos ilusionantes e imaginativos, aunque fuercen la legalidad. La confianza que merece un líder que propone algo tan difícil como separarse de España se la tiene que ganar con todo lo anterior. Que un presidente de la Generalitat cuyo partido está inmerso en episodios de corrupción tan graves como el caso Millet o las ITV y los gestiona de la misma manera que el partido de la derecha casposa gestiona los suyos, me proponga tomar caminos que requieren una alta categoría política y personal me invita a la sospecha. Porque mientras nos está diciendo que la raíz y el motivo de todos los males que afectan a la sociedad catalana provienen del mal gobierno del PP, que nos esquilma y nos niega el pan y la sal, no pierde ocasión de votar con ese partido “catalanicida” cualquier ley que implique un recorte al estado del bienestar. Y hemos de tener en cuenta que el PP no necesita sus votos o sea que CiU vota junto al PP en el Congreso de los Diputados por mostrar a esos explotadores globales que se esconden tras el concepto “los mercados” su convicción y su fe en las recetas neoliberales que nos están amargando la vida y el futuro, para demostrarle a los representantes de la mafia global que son tan de fiar como Montoro y Guindos. Si todo se reduce a que “Madrid” no es justo repartiendo los impuestos recaudados en Cataluña, ¿qué hacen los diputados de CiU votando junto a ellos leyes que perpetúan esa injusticia? ¿por qué no acabaron con ella cuando sus votos eran muy necesarios para Aznar o para Zapatero? En definitiva ¿a qué jugamos? Porque mientras están mareando la perdiz, trabajar, no trabajan. Se quejan, se levantan de las comisiones porque se sienten agraviados, no van a las recepciones porque el protocolo les humilla, no presentan y discuten el presupuesto de la comunidad. . . ¡Joder, qué chollo! Cuántos quisieran poner estas excusas tontas para no tener que trabajar todos los días. Pero si tienes una faena, hay que joderse y si no te gustan tus interlocutores pues eso, te jodes, como hacen los ciudadanos que te eligen y que aún trabajan. Te eligen, conseller de los cojones, para que gestiones la cosa pública de tu departamento de la mejor manera posible, no para que me cuentes que si “Madrid” te diera el dinero que dices que te debe, lo harías de puta madre, porque mientras tanto, lo único de puta madre en este país es tu sueldo y el de tus secuaces. Si yo cobrara el doble de lo que cobro, en mi casa gastaríamos más que ahora y, con un poco de cabeza, deberíamos menos que ahora, pero ese no es el caso y he de hacer el presupuesto con lo que tengo, no con lo que deberían tener si el jefe no me explotara. Así que, mientras nos aclaramos con lo de ser independientes, ¿por qué no trabajáis un poquito?

martes, 16 de julio de 2013

Otro poema

Hay tardes en otoño
en que recuerdo cuando aún creía
que estaba aquí para algo,
cuando ansiaba saber
la fecha de mi muerte
y así llegar a tiempo a muchas cosas.
Soñaba entonces
con escribir un excelso poema de amor,
que recordase el mundo
cuando hubiese marchado,
y se lo recitasen los enamorados,
y apareciese en las antologías
con Byron y Neruda y Becquer
y Quevedo.
Y eso también cayó en el olvido
y ahora no sueño, sólo sobrevivo,
aterrorizado y callado, en el turbio
paisaje de unas ruinas luminosas.
Pero, a veces, cuando llega el otoño,
una tarde cualquiera me agarra por el cuello
y me arrastra al pasado
para que me estremezca con los sueños de entonces,
y redima, siquiera unos minutos,

el haberme olvidado de llorar.